sábado, 22 de enero de 2011

El ADN revela los secretos de la botica romana

Arqueobotánicos hallan la composición vegetal de varias medicinas recogidas de un navío naufragado hace 2.000 años 

11/09/2010 20:04  MADRID

Zanahorias, apio, berza, corteza de roble o milenrama eran algunos de los ingredientes de las medicinas de la Roma clásica. Una serie de tabletas encontradas aún secas en un barco hundido frente a las costas de la Toscana italiana hace más de 2.000 años han permitido conocer los detalles de la farmacopea clásica.
Dos arqueobotánicos del Instituto Smithsonian (EEUU) han analizado las pastillas, encontrando varios componentes de origen vegetal. Tomaron muestras del ADN de los cloroplastos unos orgánulos presentes en las células vegetales encargados de la fotosíntesis para secuenciarlas. Tras compararlas con bancos de datos de genética han comprobado que la medicina romana parecía una huerta. Además de las mencionadas, hallaron rábano, cebolla, espino blanco, perejil o castañas, todas plantas mediterráneas. Más extraña es la presencia de hibisco, originario del Asia oriental.

LA ENSEÑANZA DEL ARTE DE CURAR EN EL REINO DE NAVARRA


Pedro Gil-Sotres.
El libro Aulas médicas en Navarra, cuya segunda edición ahora se presenta, narra la génesis y vicisitudes del Real Colegio de Medicina, Cirugía y Farmacia, cuya breve vida duró diez años.
En su momento fue un hito en la historiografía médica en Navarra. A pesar de sus limitaciones, derivadas del uso parcial de la documentación conservada en el Archivo General de Navarra, Santiago Larregla abrió brecha en el conocimiento de los caminos por los que los navarros accedieron en el pasado a la formación sanitaria. Basta acudir a la bibliografía para comprobar el apoyo que dio a los que a partir de esa fecha historiaron las instituciones médicas de la Comunidad Foral.

lunes, 17 de enero de 2011

LA PROFUNDIDAD DE LA PIEL


La profundidad de la piel


Ángeles Agrela (Úbeda, Jaén. 1966)
La profundidad de la piel
“La belleza tiene la profundidad de la piel”. En esta frase usada normalmente para referirse a la superficialidad de la belleza basa Ángeles Agrela el título de su última exposición. Sin embargo solo toma la segunda parte de la frase, de modo que no niega ni afirma su adhesión a dicha afirmación. De hecho la exposición en sí tampoco se preocupa mucho por desvelar claramente sus intenciones. Su instalación trata más bien de sumergirnos en un viaje que recorre ese finísimo espacio que va desde la delgada superficie de la pintura a la profundidad de nuestras emociones ante la sospecha de nuestra futilidad. La profundidad de la piel nos sitúa en un nada superficial territorio poético que toma cuerpo a partir de imágenes que pertenecen a nuestra memoria cultural colectiva.
Y es que la muestra es también una colección de auténtica pintura. Reinterpretaciones, reencuadres y aproximaciones a conocidas obras de grandes maestros desde el Renacimiento hasta el XIX. Piero de la Francesca, Robert Campin, Hans Holbein, Vermeer, Velázquez o Ingres. Y más concretamente retratos. Agrela ha arrancado literalmente la piel a las personas que tan fielmente retratadas nos miran desde las paredes dejando ver lo que ésta (¿la pintura?) esconde; detallados mapas de sus músculos, venas, nervios y huesos al modo de las láminas didácticas de anatomía.
Es muy fácil ver fotografías de disecciones, o imágenes macabras que muestran con crudeza la verdad de lo que esconde la piel, incluso hemos podido ver exposiciones muy mediáticas con auténticos cadáveres humanos conservados con técnicas novedosas y cuidadosamente diseccionados. Las imágenes están ahí… para quien las quiera ver. También es muy recurrente el procedimiento de la apropiación de imágenes para manipularlas digitalmente y servirlas después reproducidas de las más diversas formas.
Sin embargo no es casual la elección de Agrela de la pintura, y más concretamente la reproducción y reinterpretación de conocidos retratos con los procedimientos pictóricos tradicionales, para dar forma a este ejercicio poético que es La profundidad de la piel. Agrela había trabajado en los últimos tiempos en grandes dibujos que representaban láminas de libros de anatomía donde intervenía superponiendo elementos ajenos que producían desconcertantes asociaciones de imágenes. La reflexión en torno a la vánitas ya estaba presente, y se hace aquí más patente quizás por la transposición del sujeto desde el más impersonal dibujo anatómico al retrato cercanísimo que nos brinda la piel de la pintura y en el que como observadores nos proyectamos vanidosamente. Y puede que realmente la vanidad sea un pecado a la hora de observar una obra de arte, ya que el modo en que nos proyectamos a nosotros mismos sobre las imágenes nos distrae de lo que realmente importa. El retrato llevado a sus últimas consecuencias de perfección por los grandes maestros, sobre todo a partir del Renacimiento, nos coloca como individuos frente a un espejo en el que nos reconocemos de algún modo, frente a la incómoda verdad de lo que esconde la piel levantada, en el caso de estas interpretaciones que Agrela nos brinda. Y no hay que perder de vista que el ilusorio engaño de la pintura está presente en esta ecuación. ¿Es que la delgadísima superficie de la pintura tiene acaso el grosor de la belleza de la propia obra de arte? Como observadores nos dejamos subyugar (y hasta engañar) por los diminutos eventos cromáticos y lumínicos que suceden en las distintas capas de pintura a las que acercamos la nariz con gozo. Y también proyectamos nuestros esquemas mentales y nuestra propia imagen en la interpretación que de dichos eventos hacemos, con toda nuestra vanidad, perdiendo de vista lo que de verdad es importante. Y también podemos vernos desprovistos de piel, con las venas, nervios y músculos al descubierto, porque en la doble delgadez que caracteriza tanto a la piel humana como a la superficie de la pintura anda el juego de esta instalación de Ángeles Agrela.

























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Museo Histórico de Enfermería





Museo Histórico de Enfermería. Fundación Jose LLopis
Con sede permanente en el 
Colegio Oficial de Enfermería de Alicante
C/. Capitán Dema, 16
03007 ALICANTE
Tels. 965 121 372 / 965 123 622

miércoles, 12 de enero de 2011

Cirugia Antigua

EL “METODO ESPAÑOL” DE TRATAMIENTO DE HERIDAS DE GUERRA


ANTECEDENTES DE LAS CAH. EL “METODO ESPAÑOL” DE TRATAMIENTO DE HERIDAS DE GUERRA Y EL HOSPITAL SUECO-NORUEGO DE ALCOI.

Francisco Enrique Moltó Abad
Enfermero y Supervisor de la Unidad de Neuro/Neumología del Hospital Virgen de los Lirios de Alcoi.

En la ciudad de Alcoi y durante la guerra civil estuvo en funcionamiento el hospital Sueco-noruego, institución que fue financiada por la solidaridad internacional de estos dos países escandinavos y dedicada ha atender heridos de guerra del bando republicano. En el citado hospital trabajó y dirigió los servicios quirúrgicos el cirujano y traumatólogo militar español  D. Manuel Bastos Ansart, toda una autoridad en el tratamiento de las heridas de guerra en esa época, el Dr. Bastos Ansart fue uno de los padres y precursor del “método Español” de tratamiento de heridas de guerra, el cual es la base, de las actuales Curas en Ambiente Húmedo (CAH) es decir, del método oclusivo de curas. 

            El “Método Español” nace como la suma de muchas observaciones, experiencias y actuaciones de diversos cirujanos de todo el mundo que se fueron acumulando a lo largo del tiempo y de demasiadas guerras. Lo que se hizo en España fue ordenarlas, sistematizarlas y aplicarlas con rigor. El Dr. Moral Torres denomina muy acertadamente este método como la técnica de Orr-Bastos-Trueta por ser estos tres cirujanos sus máximos promotores.

El Siglo de las Luces y la renovación de la cirugía

Durante el siglo XVIII, llamado el Siglo de las Luces, ningún aspecto de la vida escapó a las transformaciones gestadas e impulsadas por la Ilustración. La medicina Ilustrada, heredera de los recientes alcances de la Revolución Científica del siglo XVII, se vio completamente renovada en sus aspectos teóricos y prácticos extendiendo sus intereses a nuevas fuentes del saber, tales como la física, la química, la botánica y la anatomía. 


A partir de estos saberes se reconfiguraron los fundamentos de la práctica médica en este período: la
fisiología, entendida como el estudio del funcionamiento del organismo; la patología, dedicada a la indagación por las causas de las enfermedades; y la materia médica, encargada de la preparación, manejo y conocimiento de las propiedades de los remedios vegetales. A ello, se sumó la renovación de la cirugía, tanto en el desarrollo de nuevas técnicas como en el prestigio social de sus practicantes.

HOSPITAL DE MUJERES DE CADIZ

HISTORIA DEL
HOSPIAL DE MUJERES
DE CADIZ



http://elrincondelaculturagaditana.blogspot.com/2009/10/hospital-de-mujeres-de-cadiz.html